HISTORIA E CIENCIAS SOCIAIS

30 ene. 2012

E outra máis: Viñetas para una crisis, de El Roto


De sobra é coñecido o traballo de El Roto. O debuxante editou recentemente este pequeno libro (Barcelona, Reservoir Books, 2011), que ten un título que todo o di: Viñetas para una crisis.
A verdade é que se trata dun auténtico manual que explica en oitenta viñetas a crise que estamos a vivir.
E para mostra:

Moi recomendable.

Unha boa forma de explicar a crise. Artigo de Sami Nair


Nuestra piel
¿Quién tiene interés en utilizar la crisis social y económica actual? No cabe duda ahora que nos estamos enfrentando a una ofensiva histórica, a escala europea, de las capas más ricas y de los detentadores del capital financiero para, aprovechando la crisis mundial, reorganizar los sistemas sociales europeos para su propio beneficio. Esa ofensiva se apoya en las clases conservadoras y, a menudo, cuenta con la complicidad consciente del social liberalismo encarnado por algunos partidos socialistas europeos. Varios apuntes testifican esa durísima batalla.
Primero, en la zona euro, la Comisión de Bruselas, el Consejo Europeo y el eje franco-alemán, fieles servidores del Banco Central, están impulsando cada vez más políticas drásticas de recortes, haciendo pagar a las clases medias y populares el coste de la lucha contra los déficits presupuestarios.
Segundo, en vez de modernizar la maquinaria económica con una política mundial y europea de flexibilización del déficit y de relanzamiento del crecimiento, lo que significaría intervenciones públicas masivas y una reforma del sistema monetario internacional (recuerdo aquí que, salvo el último punto, es precisamente lo que en 2008 le propuso, en balde, Barack Obama a la señora Merkel), los círculos financieros mundiales y europeos optaron por incrementar la presión sobre los Estados europeos para que reduzcan la financiación de las políticas públicas, acaben con los sectores de interés general de sanidad, educación y con las Administraciones de servicios de uso público, bien privatizándolos, bien aniquilándolos. La encarnación viva de esta política la tenemos hoy en todos los Gobiernos europeos, sometidos al liderazgo del eje Merkel-Sarkozy, que recuerda la pareja Ronald Reagan-Margaret Thatcher de los ochenta del siglo pasado.
Tercero, desde la quiebra griega, los mercados financieros se apoderaron de la riqueza pública europea con tipos de interés cada vez más altos, y obligan a algunos países a endeudarse como nunca ocurrió en su historia. De hecho, estos países europeos están perdiendo su soberanía nacional. Más grave aún, los detentadores de capital se benefician, desde 2008, de la falta de resistencia de los Estados; pueden también apostar a que la depresión social no provocará revoluciones sociales en los países desarrollados, siendo el ahorro privado importante y que el envejecimiento de la población, vinculado con la disgregación política de la izquierda europea, está facilitando una estrategia ofensiva en contra del mundo asalariado.
Cuarto: casi cinco años después del estallido de la crisis, no hay ni un país de la zona euro que haya podido reducir sus déficits estructurales; la deuda pública aumenta por doquier, el paro se dispara (más de tres millones en Francia, pronto seis millones en España) igual que la inflación, mientras que reaparece la hidra del empobrecimiento. En su libro Contra la crisis, otra economía y otro modo de vivir, el economista Juan Torres López apunta que en Francia "cuatro millones de personas viven en situación de aislamiento, no tienen ningún vínculo relacional y que hay 8,4 millones de pobres. En Alemania se calcula que en 2011 hay 12,6 millones de pobres y según la ONU, en este país, uno de cada cuatro niños va al colegio sin desayunar; en Italia, en 2010 había 8,2 millones de pobres y en Estados Unidos 44 millones de pobres". Al revés, la especulación financiera sigue utilizando los circuitos bancarios y tampoco sabemos hacia dónde ha ido a parar el dinero que se les ha otorgado a estos bancos desde 2008.
Sin embargo, los Estados siguen aplicando las mismas recetas destructoras, bajo la batuta de una Alemania conservadora, del seguidismo de Francia y de un euro sobrevalorado (empezó en 2002 con la casi paridad con el dólar y ¡está ahora un 25% más caro!). No son hoy en día solo los sindicatos (último bastión de resistencia social porque los partidos han capitulado frente a la finanza internacional) los que tachan esta estrategia de dramática para el mundo del trabajo: es el propio Fondo Monetario Internacional quien, en su informe de principios de 2012, declara que la recesión se va a incrementar con los actuales objetivos de déficit a nivel europeo. La cruda realidad es que las medidas propuestas en Europa no están a la altura; el proyecto europeo, para seguir existiendo, necesita un giro radical hacia una Europa social y política. En ausencia de este proyecto solidario, quedará por resolver si, después de habernos quitado a los ciudadanos la ropa, los mercados nos van a pedir que les demos también trozos de nuestra piel.
SAMI NAÏR “Nuestra piel”, El País, 28-01-2012 

22 ene. 2012

Imaxe gráfica da II República

Unidade didáctica que acompaña a exposicion "Imaxe grafica da II Republica" da Fundacion 10 de marzo destinada ao alumnado de 4º da ESO e Bacharelato.

17 ene. 2012

Museo feliz. Museo infeliz


14 ene 2012
Ricard Vinyes Historiador
En 1993, Bill Clinton, recién nombrado presidente de EEUU, inauguraba en Washington el United States Holocaust Memorial Museum. Los impulsores más visibles de la institución habían sido Elie Wiesel y el presidente Carter. En la declaración fundacional, redactada por Wiesel, se insistía en que tenía que ser un museo “viviente”, que explicara cómo el Holocausto había sido posible y lo vinculara a los genocidios contemporáneos porque, afirmaba el texto del acta: “Un Memorial insensible al futuro, violaría la memoria del pasado”. El Holocausto debía iluminar.
En su informe al presidente Carter, Wiesel estableció que, si bien todos los judíos habían sido víctimas, no todas las víctimas habían sido judías. Así, los discapacitados físicos y mentales, los gitanos, testigos de Jehová, homosexuales o disidentes políticos tienen su sitio en el Memorial, si bien con una presencia dispar.
Durante los primeros años de su creación se trató si debía ser un museo narrativo o un museo basado en la colección, y si la presentación debía basarse en la historia o en los objetos. Este dilema fue superado por la práctica museal convencional, y así los objetos han acabado siendo el centro de una narración historicista que sobrevive gracias a la impresionante potencia de los medios y a unos espectaculares recursos museográficos que desbordan al visitante.
En cualquier caso, la exposición se construyó con un cometido: insistir en la identidad específica, en la singularidad, de las víctimas. Esta actitud permite explicar el núcleo universal de toda política represiva o de genocidio: la desposesión integral –de humanidad, de nombre, de identidad, de bienes– y contar el cómo y el porqué casi siempre se procede de este modo. La impresionante Torre de los Rostros –icono del museo– tiene esta misión. Una inmensa estructura que expone 1.200 retratos familiares de las personas que vivían en una pequeña localidad polaca y que fueron aniquiladas en 48 horas. Son retratos que festejan acontecimientos corrientes: una merienda, un grupo de amigos, una boda, una fiesta popular, muchachos corriendo en motocicletas, grupos de vecinos… Al cruzar la Torre, el visitante se encuentra con la narración documentada de lo que sucedió en aquel pueblo con la entrada de las tropas hitlerianas.
De hecho, la elección del Memorial es atestiguar la comisión de un crimen contra la humanidad, mostrar cómo se organizó y presentar las pruebas para que nunca jamás se baje la guardia. Por esta razón el guión de la exposición son los métodos y los efectos de un genocidio moderno, y resume su objetivo en la divisa esculpida en granito a la entrada del edificio: “Por los muertos y por los vivos, nosotros debemos ser testigos”. No hay duda de que el acierto del museo consiste en algo que aunque parezca simple no todos los museos y memoriales tienen: saber qué es lo que se quiere realmente explicar.
En el panorama museográfico norteamericano, una de las singularidades del Museo del Holocausto es su titularidad pública, cuando la tradición estadounidense es la contraria en este tipo de equipamientos. Por otro lado, la inversión económica inicial fue enorme no sólo en el edificio –verdaderamente emblemático y en sí mismo un monumento–, sino en las expediciones que los conservadores del museo realizaron a Europa para adquirir diversos objetos y formar la colección a golpe de talonario; así obtuvieron montones de zapatos, cabellos, atuendos, retratos, documentos… Es el ejemplo de una actuación que arranca exclusivamente de una decisión moral de la Presidencia del Estado, sin que haya ninguna presión social para llevarla adelante, sin ningún conflicto.
Por este motivo, la historia y vida del Memorial del Holocausto es un trayecto “feliz”. Se ocupa de un tema que no levantaba ningún tipo de tensión social o política en Estados Unidos, a diferencia de lo que ocurrió en Europa. Y a diferencia también de las tensiones generadas en otros museos norteamericanos sobre temas tan delicados como la segregación racial, la inmigración, la masacre de My Lai, la Guerra Fría o el conflicto espectacular generado en la exposición temporal sobre el Enola Gay, el avión que lanzó la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima, depositado en el Museo Nacional del Aire y del Espacio –que pertenece a la Smithsonian Institution– y que allí yace, sin apenas información sobre la efeméride y sus consecuencias.
Precisamente un visitante de la Smithsonian, tras recorrer una exposición sobre la integración de los inmigrantes y los afroamericanos, escribió al director de uno de los museos que gestiona la institución: “Distinguido historiador: ¿qué ha pasado en la Smithsonian? ¿Qué se ha hecho de la historia que yo he aprendido y amado? Comprendo que deba analizarse la diversidad; pero, y de mí, ¿qué se dice? La Smithsonian acostumbraba a celebrar América, la potencia americana, las conquistas americanas; ahora parece concentrarse únicamente en las cosas negativas. Esta no es la América que yo recuerdo”. Al final de la carta, el visitante pedía que todos los historiadores como aquel fueran despedidos de la Smithsonian. Cabe preguntarse por qué el Holocausto hoy apenas genera polémica (a pesar del reducto negacionista), mientras que otros desastres son obviados, o incluso mirados con desagrado, a pesar de acarrear numerosas víctimas. Tal vez el Holocausto se ha convertido ya en un icono mediático más; y si es así, aquel deseo inaugural de que fuera “una lección para los genocidios contemporáneos”, a pesar de los pesares, parece que ha resultado inútil.

16 ene. 2012

Cosendo para Zara


Cosiendo para Zara
178 euros por 65 horas a la semana

Galicia Confidencial


La campaña "Ropa Limpia", coordinada en Galicia por Amarante Setem, presenta hoy la investigación "A moda española en Tánger: trabajo y supervivencia de las obreras de la confección". Inditex, el grupo con base en Arteixo, es una de las empresas más evaluadas en el documento, que detalla las "condiciones de vida y trabajo precarias" de las trabajadoras. En algunos casos, los talleres emplean menores que esconden en bolsas cuando llegan los inspectores. El informe descubre "las duras condiciones de las obreras de confección marroquíes: exceso de horas de trabajo, bajos salarios, abusos verbales y físicos, arbitrariedad en la contratación y el despido, medidas disciplinarias desproporcionadas y obstáculos a la acción sindical".

Inditex

En Marruecos, hay una fuerte presencia de talleres proveedores de Inditex; en concreto de las marcas Zara, Bershka, Pull&Bear, Stradivarius, Oysho e Massimo Dutti. La mayoría de las obreras entrevistadas que trabajan confeccionando la ropa de estas marcas manifiestan que "no se respeta el límite de horas, llegando hasta 65 horas semanales". Aunque en general el salario llega al Salario Mínimo Interprofesional Garantizado (SMIG) de Marruecos, apenas 178,72 euros mensuales, siguen viviendo en situación de pobreza. En el conjunto del sector, las horas extras son obligatorias y no se suelen remunerar. Prolongan la jornada incluso las 12 horas diarias, seis días a la semana por salarios que no superan los 200 euros mensuales, y que, en ocasiones, están por debajo de los 100 euros al mes.

Otras marcas

Muchos de los talleres proveedores de Inditex trabajan también para Mango. Amarante denuncia que las obreras de las fábricas proveedoras de Mango también revelan que en sus centros de trabajo no se respeta el límite de horas, realizando hasta 65 horas semanales. También se recogieron testimonios de trabajadoras de talleres proveedores de Mayoral, El Corte Inglés y Dolce&Gabanna con condiciones laborales parecidas. La deslocalización de la confección en países cómo Marruecos permitió ampliar los beneficios de las grandes marcas textiles. En Galicia, donde fueron claves en el despegue de marcas como Zara, apenas quedan talleres de confección.

Según el autor del informe, Albert Sales, estas empresas tienen en su mano la capacidad, tanto de generar situaciones de explotación laboral, como de evitarlas. Muchas asumieron códigos de conducta y compromisos, pero a pesar de estas "medidas de Responsabilidad Social Empresarial", muchas trabajadoras siguen viviendo situaciones de pobreza al tiempo que cumplen con una jornada laboral extremadamente larga.

Trucos para librarse del control de las empresas compradoras.

Los códigos de conducta laborales adoptados por las empresas de moda, recogen la obligatoriedad de pasar auditorias en los talleres. Pero las metodologías de las auditorías son muy diversas y en muchas ocasiones no se llegan a identificar los problemas laborales reales. La ONG explica que esto pasa porque cuando hay auditoría, las fábricas realizan cambios temporales como dar de alta las trabajadoras en la seguridad social, incrementar la salubridad en el espacio de trabajo, cumplir los horarios laborales, despedir a las trabajadoras sin contrato y ocultar a las trabajadoras menores.

Una trabajadora de una fábrica proveedora de una gran empresa textil aseguraba que "cuándo aparecen auditores como por ensalmo, los supervisores esconden a las trabajadoras menores en la azotea o en cajas de ropa vacías". Esta investigación se realizó con 118 obreras, con la colaboración de la Asociación Attawassol

15 ene. 2012

Política de igualdad del PP

Contra la violencia machista

ROSA MARÍA ARTAL 07/01/2012 23:50 Actualizado: 07/01/2012 23:52


¿Qué pasaría si, como ha sucedido este año con las mujeres en España, hubieran sido asesinados 60 políticos, 60 taxistas o 60 fontaneros?, nos preguntábamos en Twitter. Una sociedad acostumbrada a la información-espectáculo se aburre si no hay novedades y las mujeres muertas a manos de quienes un día dijeron amarlas se repiten demasiado. A algunos, no a todos por fortuna, les cansa.

El nuevo Gobierno ha dado un giro de tuerca: Público lo denunció al titular, sin temor a las palabras, "Mato rebaja la violencia machista a violencia en el entorno familiar" y la protesta llevó a la ministra a rectificar: "No hay un cambio en la terminología". Por más que otras mujeres en cargos del PP abunden en el nuevo sesgo. No es casual. No es inocuo. El dios que rigió por mor del franquismo pedía callar ante los palos del amo y marido. Matrimonios indisolubles que la mujer abnegada debía sostener en su sagrado papel de esposa sin que una queja saliera del "entorno familiar". Varias generaciones han sido así educadas. Y el machismo aflora con levantar el envoltorio de papel, siquiera en peligrosas semánticas o insultos como el jocoso "feminazi".

Tres mujeres más muertas ya en los seis primeros días del año. De seguir así se duplicará con creces la cifra de 2011. Cuando se vacían las palabras, se desinflan las ideas. La presunta debilidad de la mujer nace de su potencial para coprocrear, albergar, hacer crecer y alumbrar una vida. Del oscurantismo desinformado. Una mujer alerta no puede seguir tolerando ataques a su dignidad.

Rosa María Artal es periodista y escritora

12 ene. 2012

Las pequeñas tierras del frío


Ricard VinyesHistoriador
Orilladas en el mar Báltico existen tierras que son países con historias densas y memorias tan conflictivas como las de cualquier otra nación, aunque apenas aparecen en los textos, o en los congresos y seminarios donde se habla de los procesos sociales relativos a la construcción de memorias públicas. Sin embargo, los países bálticos tomaron en su día el reto de contar y evocar las décadas de ocupación y dictadura.
Tras su declaración unilateral de soberanía en 1990, Lituania tardó apenas tres años en inaugurar en Riga el Museo de la Ocupación, una respuesta improvisada a la apelación civil que generan siempre los procesos de transición democrática. Cuatro años más tarde una profunda remodelación consolidó la institución, definió las formas expositivas y tomó la decisión de establecerlo como museo disciplinar, de historia contemporánea de la nación, y con una cronología ceñida a lo que su nombre exigía, la ocupación alemana y soviética, pero con poca referencia a los procesos de resistencia y su evolución. Una opción temática que permite interrogarse de nuevo sobre una cuestión que ya es un clásico: ¿qué memoria se quiere, la del trauma o la de la construcción democrática? Aunque la opción por una u otra evocación nunca es inocente, puesto que un museo siempre es un espacio de poder con independencia de lo que hable, sea pintura, labranza, historia o atuendos.
El museo del que hablo informa sobre el país y las dos ocupaciones, la alemana y la rusa, y distingue entre ellas como distinguimos entre los dos brazos de un cuerpo. Recuerda a quienes sufrieron y murieron bajo el terror de aquellos regímenes, y exhibe su relato con una museografía sin imaginación ni conocimiento de las estructuras museográficas modernas, ya que el museo no es más que una sucesión de paneles compactos y de objetos. El 75% de la financiación del museo procede, principalmente, de tres entidades privadas: la American Latvian Association, la World Federation of Free Latvians y la Latvian Relief Organization Daugarus Vanopi, que, junto con otras organizaciones privadas menores, constituidas por letones instalados fuera del país, especialmente en Estados Unidos, controlan el peso de las decisiones. El Estado letón, por su parte, garantiza la financiación de las exposiciones temporales del museo y algún programa educativo.
Más reciente es el Museo de la Ocupación y de la Lucha por la Libertad, inaugurado en julio de 2003 en Tallin. También su financiación está repartida entre el Estado y varias entidades de emigrantes instaladas en Estados Unidos, que han invertido importantes recursos en el moderno edificio y en un despliegue de proyectos educativos que superan con creces al resto de los países bálticos. Propone una museografía más moderna y con más capacidad comunicativa que el de Riga o de la vecina ciudad de Vilna, aunque coinciden en lo que cuentan. En el Museo de Tallin todos los recursos simbólicos utilizados –decisivos en las estrategias de comunicación de cualquier museo– están orientados a identificar nazismo y comunismo, sin matiz, hasta el punto de haber generado importantes polémicas en el interior del país.
La presencia de la ayuda norteamericana durante los años de ocupación soviética tiene un énfasis extraordinario tanto en la exposición permanente como en la imagen promocional del museo. Su primera exposición temporal, inaugurada el 14 de marzo de 2004, fue una muestra-homenaje a las emisoras Voice of America y Radio Free Europe, financiadas por la Embajada de Estados Unidos en Estonia, emisoras que ciertamente ayudaron a la resistencia a la dictadura, aunque sólo a un tipo de resistentes.
Pero el caso más emblemático es el del Museo de la Ocupación y de las Víctimas del Genocidio de Vilna. Inaugurado en 1997 e instalado en un importante lugar de memoria para los lituanos –un bien restaurado palacio que albergó a los servicios de inteligencia soviéticos– la museografía utilizada es simplemente rancia, sin ningún esfuerzo innovador, pero contundente en su narrativa, que al tratar de la ocupación, ni siquiera hace referencia al periodo nazi, sino que identifica la ocupación exclusivamente con la invasión y permanencia soviética, probablemente porque la guerrilla que luchó contra los nazis entre 1941 y 1945, estaba fundamentalmente compuesta por comunistas autóctonos, que desde 1945 fueron vigorosamente represaliados por los soviéticos, puesto que los comunistas lituanos constituyeron el más importante núcleo político de oposición a la ocupación rusa. Al ignorar el periodo de ocupación alemana, el museo también ignora la deportación de los judíos lituanos a los campos de concentración, y desde luego las operaciones de la División Azul española que, entre 1942 y 1944, estableció su cuartel general y sus acciones de apoyo al ejército hitleriano en Vilna.
Los museos de esas hermosas tierras frías ilustran maravillosamente bien la diferencia que sobre el comunismo soviético existe entre las sociedades del oriente y occidente europeos. Mientras que en occidente es entendido y valorado como el fracaso de una utopía construida con dificultad durante siglos en el transcurso de las luchas democráticas e igualitarias, para los ciudadanos del oriente europeo es algo bien distinto a un fracaso, es una expresión más de la naturaleza del totalitarismo, un rostro más; de ahí las equiparaciones entre comunismo y nazismo que exhiben los museos de nuestra Europa más oriental, aunque esa equiparación les obligue a ocultar o a falsificar.

5 ene. 2012

Lembrando a Isaac Díaz Pardo

Versión impune da realidade. A Tatcher, feminista!

Dios salve a la primera ministra

'La dama de hierro', biopic sobre la estadista británica, convierte a la pionera neoliberal en un entrañable icono feminista

(CARLOS PRIETO Madrid 04/01/2012 06:27 Actualizado: 04/01/2012 18:18. Diario Público.es)




La directora Phyllida Lloyd (Mamma Mia') vuelve a contar con Meryl Streep en 'La dama de hierro'.

La cultura de los ochenta lleva varios años de moda. O cuando la nostalgia se convierte en eficaz motor consumista. Productos culturales que antes eran horteras, ahora, con la impunidad que otorga el paso del tiempo, se transforman por arte de magia en algo cool. Pero quizás todo tenga un límite: una cosa es salir de fiesta con hombreras y otra bien diferente convertir a Margaret Thatcher en un icono progresista en medio de la mayor bacanal capitalista que recuerdan los tiempos. No diga nostalgia, diga masoquismo.

La dama de hierro, biopic sobre la antigua primera ministra británica dirigido por PhyllidaLloyd (¡Mamma Mia!) y protagonizada por Meryl Streep, sigue la senda de un exitoso subgénero contemporáneo: dramas sobre el lado humano de los grandes personajes de la Historia, como The Queen (Stephen Frears, 2006) y El discurso del rey (Tom Hooper, 2010).

Cuarteles de invierno

El filme de Phyllida Lloyd, famosa por haber dirigido en teatros y cines un musical sobre ABBA que convirtió la nostalgia en un negocio multimillonario, lleva la estrategia de reducir lo político a lo personal al extremo. Su Thatcher no ejerce ya como primera ministra británica. Es una anciana retirada de las bambalinas del poder. Una simpática viejecita desorientada por los primeros síntomas de demencia. Una dama, en definitiva, con la que el espectador está obligado bajo chantaje a empatizar: ¿qué desalmado albergaría malos sentimientos hacia una señora enferma por muy conflictivo que sea su pasado?

Una Thatcher, por tanto, ajena al thatcherismo. Toda una proeza histórica, política y cinematográfica. O al menos una Thatcher en el que el thatcherismo se presenta en píldoras digeribles que parecen sacadas de un capítulo de Aquellos maravillosos años.

A sus 80 años, Thatcher desayuna en su residencia londinense mientras charla amistosamente con un marido muerto al que sólo ve ella. Su hija le pide que se desprenda de una vez de la ropa de su amado. Entonces los recuerdos empiezan a brotar en la castigada cabeza de la antigua primera ministra.

El pasado de Thatcher está contado en flahsbacks que mezclan lo político con lo sentimental. Vemos a la pequeña Margaret recibiendo lecciones morales de su padre tendero. Un emprendedor (en efecto, la palabra fetiche del marianismo) que le enseñó las virtudes del hombre hecho a sí mismo que progresa gracias al esfuerzo personal. "No pretendemos ser iguales porque no somos iguales", le dice el padre en toda una profecía neoliberal: la igualdad es un invento de los vagos para vivir de gorra del Estado. También vemos a la joven Margaret viviendo un encantador romance con su futuro marido. Thatcher se lanza luego a la arena política y no para hasta hacerse con un sitio en el Parlamento con el Partido Conservador en 1958.

La dama de hierro, que se estrena el jueves, expone entonces su tesis sin sutilezas. Thatcher es un icono feminista. Una mujer que triunfó en un mundo reservado a los hombres. Una chica que llegó a lo más alto del poder pese a tener todo en contra: ser mujer de orígenes humildes. La directora se recrea en las entradas y salidas de lady Thatcher de un Parlamento tomado por los encorbatados y pisado por primera vez por un tacón.

La directora exagera la realidad para subrayar su perfil feminista

Pero, ay, los hechos históricos están suficientemente distorsionados para engrandecer la travesía feminista de Thatcher, primera mujer que se convirtió en primera ministra en occidente. Las imágenes de la cinta, con Thatcher permanentemente rodeada de hombres en la Cámara, sugieren que ella era la única diputada de su época. Pese a ser la única mujer que aparece en las sesiones parlamentarias mostradas en la cinta, en las cinco primeras legislaturas de Thatcher el número de parlamentarias basculó entre 23 y 29. Pero no dejemos que la realidad emborrone una bonita historia...

"Se trata de un filme sobre los prejuicios de los hombres y la visión de las mujeres. Thatcher lo hacía todo por Reino Unido, pero también lo hacía por las mujeres", afirmó tras ver el filme Mathew Parris, ex diputado conservador y colaborador de Thatcher, que dijo a The Times que el trabajo de Lloyd convierte a Thatcher en "la heroína de una historia de mujeres".

La cinta también se esfuerza en resaltar las raíces obreras de Thatcher. Sus orígenes humildes pesan más que su paso por el establishment, parece querer decirnos la directora al mostrarnos a Thatcher comprando leche en el supermercado. Como buena hija de tendero, Margaret nunca ignoró los precios de los artículos de primera necesidad. La que sí olvida algo es Phyllida Lloyd. Por ejemplo, el dato más revelador sobre la turbia relación entre el thatcherismo y la leche: siendo ministra de Educación durante el Gobierno de Edward Heath (1970-1974), Thatcher se tomó tan a pecho los recortes que el Estado dejó de pagar la leche escolar a los niños entre 7 y 11 años. Se ganó entonces el mote de robaleches, el odio de miles de británicos y el inicio de su leyenda negra.

Mineros de película

No faltan en la cinta momentos conflictivos como la huelga de mineros o las protestas contra el poll tax. Pero se tocan superficialmente, sin analizar su significado, a modo de videoclip histórico. Porque lo que le importa a Phyllida Lloyd es otra cosa, como indica claramente desde el tráiler: "Una mujer desafió lo establecido y se propuso cambiar el mundo", cuenta una voz en off mientras se suceden las imágenes de Thatcher y suena Our House , del grupo de ska/pop Madness, canción vigorizante donde se rememoraba un pasado feliz.

El filme pasa de puntillas por las rupturistas medidas políticas de Thatcher desregularización y potenciación del sector financiero, flexibilización del mercado laboral y ninguneo de los sindicatos, privatización de las empresas públicas y eliminación de subsidios estatales, que son ahora el pan nuestro de cada día. "Todos somos ahora thatcheristas", dijo en 2002 Peter Mandelson, ministro de Tony Blair e ideólogo del nuevo laborismo, corriente que llevó al socialismo europeo a celebrar por fin sin complejos ni remordimientos los caprichos del mercado. Ahora bien, ¿el triunfo del thatcherismo justifica las hagiografías nostálgicas sobre Thatcher? ¿Tiene sentido la conversión de Thatcher en icono feminista de orígenes obreros? ¿Fueron tiempos felices los ochenta?

Convertir a Thatcher en un icono feminista tiene algo de pintoresco si se estudia el impacto económico y social del thatcherismo, que aumentó drásticamente las desigualdades sociales y, por tanto, golpeó con contundencia a las mujeres británicas con menos recursos. Un dato: cuando Thatcher dejó el poder en 1990, el 28% de los niños vivía por debajo del umbral de la pobreza.

Eso sí, la reducción del feminismo a una cuestión de esfuerzo personal ajeno a las políticas sociales propuesta por el filme casa con una de las citas más emblemáticas de lady Thatcher: "La sociedad no existe. Debemos de cuidar de nosotros mismos". En resumen: sálvese quien pueda.